Mar. Oct 27th, 2020

Tres años de investigaciones sobre un naufragio en Yucatán documentan cómo una compañía española envió a Cuba a miles de esclavos mayas para realizar trabajos forzados.

México ha desenterrado en el fondo del mar una parte nunca antes vista de su pasado esclavista y colonialista. Un grupo de investigadores ha encontrado e identificado los restos de un barco dedicado al comercio de esclavos mayas a Cuba durante el siglo XIX, ha dado a conocer esta semana el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). El hallazgo es único en su tipo en territorio mexicano y supone también el primer indicio material de una práctica que se extendió incluso después de la prohibición formal de la esclavitud tras el inicio de la guerra de Independencia en 1810, explica Helena Barba, responsable del INAH para Arqueología Subacuática en la península de Yucatán. “Este naufragio aporta muchísima información sobre un problema que se dio durante décadas en esta región, pero del que no teníamos evidencias más allá de los documentos de la época”, señala Barba. “Estamos tocando la punta del iceberg con este descubrimiento, hay que profundizar todavía”, agrega la investigadora.

El hallazgo de la embarcación se produjo en 2017 a unos cuatro kilómetros de las costas de Sisal, en el Estado de Yucatán. Después de tres años de trabajo se identificó de que barco se trataba. La Unión era una nave de vapor de la empresa española Zangroniz Hermanos y Compañía. Naufragó el 19 de septiembre de 1861. El accidente fue provocado por la explosión de una de las calderas, que acabó incendiando y hundiendo el barco poco después de zarpar, de acuerdo con la investigación. La reconstrucción del suceso ha sido posible gracias a documentos históricos y periodísticos. También abonaron al relato los pescadores de Sisal, quienes han mantenido vivo el recuerdo del naufragio durante varias generaciones. “El hecho pasó desapercibido y se evitó darle mucha difusión, creo que de forma intencional, diciendo apenas que se suspendía por el momento el tráfico de pasajeros con Cuba”, comenta Barba, parte de un equipo multidisciplinario que se zambulló en las aguas y en los archivos históricos de México, Cuba y España.

El envío de esclavos mayas a Cuba se dio en el contexto de la guerra de castas, un extenso conflicto social en la península de Yucatán entre 1847 y 1901, en el que las poblaciones nativas se sublevaron ante los abusos de las élites blancas de criollos y mestizos, que concentraban el poder económico y político. Yucatán era entonces el principal productor mundial de henequén, una planta utilizada para elaborar fibras, que fue parte angular de la economía durante los primeros años de México como país independiente, pero que era producido en haciendas bajo condiciones ominosas para los trabajadores indígenas.

En pleno conflicto armado, grupos de “enganchadores” prometían a los mayas tierras, trabajo y un exilio voluntario como colonos en Cuba, que seguía siendo colonia española. “Los indígenas eran esclavizados a través de engaños y falsas promesas o simplemente para sacarlos de la región”, agrega Barba. En realidad, los “enganchadores” mexicanos y españoles reclutaban a los indígenas mayahablantes para hacer trabajos forzados en la isla, con contratos que solían escribirse en castellano y que en muchos casos eran falsos. El historiador Nelson Reed documentó en su libro sobre el conflicto de castas cómo también se enviaba a indígenas que eran hechos prisioneros y que los embarques a Cuba se hacían desde varias ciudades costeras de Yucatán como Río Lagartos, San Felipe y Dzilam.

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